TRADICIÓN FAMILIAR VITIVINÍCOLA DESDE 1930

Por la memoria de nuestros antepasados ya difuntos sabemos que nuestra familia venía cultivando la viña en El Provencio desde el siglo XIX, sin perjuicio de que esta fecha pudiera ser anterior, aunque no tenemos constancia documental.

Sí sabemos exactamente que la bodega que nos ha llegado data del año 1930 y que fue explotada conjuntamente por dos familias de El Provencio. A ella llegaban las uvas de sus viñas para elaborar vinos, sobre todo blancos de la variedad Airén, que luego vendían a granel a distintos corredores andaluces y valencianos que recorrían La Mancha en busca de caldos que completasen sus producciones y comercializaciones.

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Los vinos que elaboran en esa época eran de alta graduación respecto a los estándares actuales pues procedían de uvas muy maduras, recogidas más en el mes de octubre que en septiembre. ¡Llegaban vendimiando a veces hasta “los Santos”!. Recuerdo, de pequeño, que el cumpleaños del abuelo Julián siempre nos pillaba en la segunda mitad de la vendimia, pero a semanas del final. Ese día, antes de salir a la viña, nos pasábamos varias cuadrillas de la familia por su casa a tomar un chocolate, preparado por la abuela Luciana, donde mojábamos pan. Era un momento especial, de risas, felicitaciones, cambio de impresiones sobre la marcha de la vendimia, y de donde salíamos para hacer una mañana de recolección sin tener que parar a almorzar.

Ahora son frecuentes los años en los que terminamos la vendimia en septiembre, iniciando algunos años aún en agosto. Este adelanto actual de fechas responde al grado de maduración distinto con el que cogemos la uva. Pero no es el único factor que determina este adelanto de fechas, también se observa perfectamente que responde a ese aumento en las temperaturas que determina el ciclo de la vid.

De igual manera, este cambio en el clima se pone de manifiesto con otro recuerdo y testimonio de nuestros mayores: el agua que ha acompañado las vendimias. En mis recuerdos de niñez, raro era el día en que no empezábamos la mañana con unos rocíos en las viñas que llegaban hasta el almuerzo. Eran también frecuentes las veces que parábamos varias jornadas por temporales de lluvia, a diferencia de la norma general actual de vendimias totalmente secas.

El acarreo de la uva que contaban los mayores era también muy distinto a los sistemas actuales. Con grandes capachos de esparto que contenían la uva, se llenaban los carros. No eran recipientes impermeables, por lo que las derramas de mosto eran frecuentes y hacían que los caminos y calles llegaran a estar pegajosas.

La entrada de la uva a la bodega se hacía con la pesada, uno a uno, de estos capachos, en la misma piquera, antes de ser vaciados a la despalilladora, accionada manualmente por dos personas mediante un gran volante. Manuales eran también las bombas de trasiego. La más popular era la tipo “Java” accionada mediante palanca.

Durante la fermentación con los hollejos, se decía que «mecían las tinajas». Se trataba romper y sumergir el «sombrero» que formaban los hollejos mediante un «mecedor» de madera de unos tres metros de longitud. Esta operación de bazuqueo la hemos recuperado, para así prescindir de las bombas en remontes del vino, disminuyendo costes energéticos y realizando una vinificación más tranquila y anaerobia.

Las prensadas se realizaban con las mismas prensas que ahora utilizamos, de láminas de madera. Pero en esos años la prensa se alimentaba inicialmente desde los «pisaderos», tras una noche de espera para que escurrieran los hollejos. La «casca» que se sacaba de esta primera prensada aún pasaba por una reprensada y sus restos ya acababan los pozos de la casca, donde aún se hacía un nuevo aprovechamiento aparte para la alcoholera.

Obviamente ha cambiado la vitivinicultura, sobre todo en lo que llevamos de este siglo XXI. Desde mi punto de vista, la introducción en bodega de nuevos materiales como el acero inoxidable, junto con la facilidad de limpieza a lo largo del proceso, han hecho que las bodegas sean más seguras alimentariamente hablando. Pero los principios químicos de la elaboración del vino siguen siendo los mismos, lo que hace que nos sea tan útil el conocimiento de la experiencia acumulada por nuestras generaciones pasadas.

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